Qué NO es un Protocolo familiar

Hoy queremos centrarnos en explicar qué no es un Protocolo familiar. En el blog de Family Business Solutions ya hemos escrito diversos artículos hablando en detalle sobre el Protocolo familiar, pero queremos aclarar algunas dudas sobre el tema.

Qué no es un Protocolo familiar

No es un contrato estándar que se compre o se venda. Si habéis trabajado con nosotros, seguro que nos habréis oído utilizar esta frase. Nosotros siempre decimos que un buen Protocolo familiar requiere un proceso de reflexión familiar y que se debe elaborar a través del consenso. Por tanto, no existe un modelo generalizado o único, sino que se prepara a medida de cada familia y de cada empresa. Y reiteramos que un simple acuerdo o contrato legal estándar no es un Protocolo familiar o, en todo caso, no es un buen Protocolo familiar, a nuestro modo de ver.

No es un pacto fijo e inamovible. Algunas familias cometen el error de pensar que, una vez firmado, el Protocolo familiar ya es para siempre. Esto no es aconsejable ya que, para poder cumplir correctamente su función, debe adecuarse a la realidad de la familia y empresa periódicamente. Por esta razón, es importante revisarlo cada cinco o seis años, para asegurar que todavía es vigente, que es un instrumento vivo para la toma de decisiones y para mantener el compromiso de todas las generaciones. Si no, no es un Protocolo familiar útil para la familia empresaria y acabará olvidado en un cajón.

No es una mera declaración de intenciones. Si bien es cierto que lo más importante de un Protocolo familiar es el compromiso que se adquiere al firmarlo, no es menos cierto que tiene validez legal. Es un contrato atípico privado y, como todo contrato, obliga a sus firmantes a cumplirlo. Estos se obligan a hacer extensivos los acuerdos y modificaciones acordadas a los documentos complementarios o de ejecución.

Un testamento o un Pacto de socios no es un Protocolo familiar

Para acabar, diferenciaremos dos instrumentos que desarrollan funciones conexas con las del Protocolo familiar y que, en ocasiones, se confunden.

No es un testamento: Un testamento no es un Protocolo familiar, aunque puede ser necesario adaptar el testamento a las previsiones acordadas por la familia en el mismo. Se diferencian precisamente en el hecho de que el Protocolo familiar se elabora de manera consensuada por la familia y no de manera unilateral. También porque en un Protocolo familiar se establecen las reglas que deben regir tanto el relevo generacional como la relación familia-empresa-propiedad en el futuro, en lugar de centrarse principalmente en los aspectos patrimoniales y sucesorios.

No es un Pacto de socios: En el ámbito de la empresa familiar, cuando los socios de la compañía son familia, el Pacto de socios deja paso al Protocolo familiar. Es habitual que algunas de las cláusulas de este coincidan con las que se recogen en un Pacto de socios, aunque en el Protocolo familiar generalmente también se pactaran otros aspectos vinculados a la familia y no a la empresa. Por ejemplo, habrá cláusulas relativas al relevo generacional, a las condiciones para la contratación de familiares en la empresa familiar o a la formación de las nuevas generaciones.

Para acabar, solos nos queda deciros que cada vez detectamos que hay más empresas familiares que trabajan para planificar su futuro y consensuarlo con la familia. Y queremos hacer hincapié en que el Protocolo familiar es la mejor herramienta para ello, pero solo si se elabora correctamente y no se confunde con otros instrumentos.



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