No confundamos táctica y planificación estratégica

La planificación estratégica en la empresa familiar es fundamental para su continuidad y para reducir el margen de error. Y ello implica no solo guiarse por la intuición, sino definir objetivos a medio-largo plazo, planificar acciones, evaluar los recursos de los que se dispone, fijar un presupuesto, establecer timmings, marcar KPIs de control de cumplimiento… No es fácil, pero seguir una buena estrategia y tener previstos más de un escenario, especialmente en contextos de incertidumbre, es, sin duda, el mejor camino para alcanzar nuestras metas.

Sin embargo, vemos a diario como en pequeñas y medianas empresas familiares (y, de hecho, también en empresas de mayores dimensiones) es muy frecuente confundir TÁCTICA y ESTRATEGIA. En un negocio, tenemos tres dimensiones en las que toda dirección debería centrar su atención: el ACTUAR, el ANALIZAR y el PENSAR. Suele ocurrir que, llevados por las urgencias del día a día, en la práctica, se le acabe dando mucha más importancia a la dimensión del actuar (básicamente táctica) y se tomen las decisiones basándose en la intuición de los fundadores. Y, en cambio, se le de menos importancia a las otras dos dimensiones, que son las que determinarían la planificación estratégica en la empresa familiar y, también, la prevención de riesgos.

En otros casos, también nos hemos encontrado con algunas empresas familiares que no tienen de forma escrita una estrategia, pero que sí siguen una. Esto, en una etapa inicial o en un negocio muy pequeño podría funcionar. Pero, conforme la empresa gana complejidad y tamaño y a medida que aumenta el número de familiares involucrados en la gestión, es importante reflejarla por escrito y compartir la información.

¿Qué pasa si no tenemos una estrategia definida?

No tener una estrategia suele llevar a escenarios, especialmente en sectores maduros, en los que las empresas tienen productos y servicios casi iguales, precios semejantes, los mismos clientes y proveedores… sin ningún valor añadido claro, lo que conlleva un claro riesgo de sustitución. En estas condiciones, ni el marketing ni tópicos como “la calidad y el servicio nos distinguen”, marcan la diferencia.

También, en estas circunstancias, es habitual centrarse únicamente en los competidores “tradicionales”, descuidando posibles nuevos entrantes en el mercado. Estos, muchas veces gracias a estrategias de competitividad basadas en la digitalización, el big data, el comercio electrónico y la inteligencia artificial, acaban por llevarse el gato al agua, al imponer nuevas formas de operar, cambiando de esta forma las reglas de juego. Si no apostamos por la planificación estratégica en la empresa familiar, difícilmente podremos ir un paso por delante de nuestra competencia.

¿Cómo llevar a cabo la planificación estratégica en la empresa familiar?

El como dependerá del tamaño y del grado de profesionalización. Si no se dispone de un plan estratégico, desde el órgano de administración se deberá impulsar y formular (reformular) la misión, la visión y los valores de la empresa, que deberán estar alineados con los de la familia empresaria. A continuación, es importante preparar un diagnóstico DAFO del negocio y su entorno y marcarse unos objetivos SMART a corto, medio y largo plazo. Para ello habrá que estudiar a fondo el sector, el ámbito geográfico, los productos, los servicios, la tipología de los clientes, las actividades, los recursos… Así como también identificar ventajas competitivas y sostenibles que añadan un valor diferencial al negocio y puedan potenciar el proyecto de la familia empresaria. Como veis, todas estas acciones implican reflexionar en las dimensiones del ANALIZAR y del PENSAR.

A partir de aquí, el siguiente paso es formular o reformular la estrategia competitiva y confeccionar por escrito (o mejorar) el plan estratégico que recoja las distintas acciones a realizar. En aquellas pymes familiares de menor complejidad, puede ser un documento estratégico más sencillo. Por último, la dirección deberá asegurarse de la implantación del plan estratégico y controlar que no haya desviaciones, velando siempre por el cumplimiento de los objetivos marcados.

Por último, es importante compartir el plan estratégico o documento estratégico con el equipo. Buena parte del éxito radica en que todos en la empresa crean en este plan y estén motivados para alcanzarlo.

No dudéis en consultarnos cualquier duda que tengáis al respecto de la planificación estratégica en la empresa familiar.



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