Vender (bien) la empresa familiar no es tan fácil…

Tal y como os podéis imaginar, la venta de la empresa familiar es una de las decisiones más trascendentes para una familia empresaria. A veces, la continuidad de un negocio no es posible y vender es objetivamente la mejor solución para proteger el patrimonio. Esto puede deberse a numerosas y variadas razones: no hay relevo generacional en la familia; las nuevas generaciones, aunque estarían dispuestos a intentarlo no tienen las competencias adecuadas para la gestión del negocio; hay desavenencias familiares; o los socios no ven futuro en el sector, entre muchas otras.

Al pensar en vender, debemos tener en cuenta que esto, en la práctica, especialmente si el negocio tiene un atractivo cuestionable, no es nada fácil. Y no gestionar bien la venta de la empresa familiar, al margen de que puede llevar al cierre sin la venta, tampoco está exento de riesgos para la empresa y para la familia. Por ello, es importante que, antes de iniciar el proceso, los órganos de gobierno empresariales y familiares hagan pedagogía sobre cómo deben abordarse este tipo de procesos.

Lo que comentaremos a continuación en relación con la venta del negocio también es válido, en buena parte, cuando se decide vender una parte del negocio o una rama de actividad. Estas dos operaciones, bien hechas, pueden reportar unos buenos ingresos para los socios y convertirse en una fuente de inversión en el negocio principal. Asimismo, las siguientes consideraciones también serían válidas para procesos de fusión y alianzas.

Algunas consideraciones sobre la venta de la empresa familiar

En cuanto al precio, el gran tema a tener en cuenta es que no es lo mismo ‘‘salir a vender’’ que no que un día alguien muestre interés por el negocio, llame a la puerta y haga una oferta. El valor de la operación, al igual que sucede cuando uno quiere vender un piso o comprar un piso si se ha enamorado de él, posiblemente no tendrá ni punto de comparación.

En cuanto a la familia empresaria, existen dos peligros adicionales. En primer lugar, una decisión de venta de la empresa familiar suele llevar asociada una fuerte sensación de frustración y de fracaso. Esto tal vez no sucede en todos los socios, pero generalmente sí en los que han estado más implicados en la gestión de la compañía.

En segundo lugar, hay que remarcar que la venta de un negocio no está exenta de tensiones y de conflictos familiares. Esto es algo que deberá tenerse muy en cuenta a la hora de planificar la operación para preservar la armonía familiar.

Por último, queremos hacer mención a la importancia de que el proceso de venta se externalice. ¿Y esto por qué lo decimos? Sobre todo es para evitar que socios sin las competencias adecuadas se sientan tentados de actuar como vendedores potenciales y pongan en riesgo la operación. Recordad que un proceso de venta mal gestionado, al margen de llevar al traste la operación, puede ocasionar pérdida de talento y que la compañía salga del mismo más debilitada.

Cuestión aparte es el tema impositivo o fiscal que se aplica a la venta de la empresa familiar, que desarrollaremos en otro artículo más adelante.



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