El papel del Consejo de Familia cuando se viven momentos difíciles

El papel del Consejo de Familia, en estos momentos tan complejos que estamos viviendo a causa del Covid-19, es más importante que nunca.

En mi reciente libro Pecados de Empresa Familiar, escribí un capítulo que hace referencia al pecado original. Este trata sobre el pensar que “esto a mi no me sucederá”, un pecado en el que caemos la mayoría de los humanos y, por extensión, la mayoría de familias empresarias. Pero poco me imaginaba entonces todo esto. Nunca pensé que, a los pocos meses, estaríamos confinados en casa, viviendo una situación no prevista y que es más propia de una serie de Netflix que de lo que hasta ahora habían sido nuestros patrones normales de ver, entender y vivir la vida.

Retos al poner en marcha el Consejo de Familia

Al trabajar con familias empresarias el Protocolo Familiar y la puesta en marcha de los órganos de gobierno empresariales y familiares, le damos mucha importancia al papel del Consejo de Familia para el buen funcionamiento de la relación familia-empresa. Al inicio y en empresas que se encuentran en generaciones tempranas, cuesta de entender. La razón es que, por norma general, los miembros de familias empresarias ven que se aporta más valor dentro del ámbito de la empresa, ya sea trabajando en el día a día, en posiciones directivas, como administradores o miembros del Consejo de Administración.

Afortunadamente, cuando las familias empresarias avanzan en su ciclo de maduración, aprenden a valorar el papel del Consejo de familia. Ven como, desde el mismo, se incide en la seguridad, la tranquilidad, la paciencia de los accionistas, especialmente los que no están en el negocio, y los valores y comportamientos, que también incidirán en la empresa y la armonía familiar, por citar solo algunos aspectos.

Y esto no pasa por casualidad. Pasa porque el Consejo de Familia deja de ser una reunión “de amigos”, en el que se transmite información, a un órgano de gobierno que trabaja para la familia empresaria. En él se dedica tiempo a trabajar los temas que realmente importan a los familiares, se profundiza en asuntos que inicialmente solo se tenían apuntados en el Protocolo familiar, se abrazan conflictos… En definitiva, se trabaja la familia empresaria con una visión estratégica, desde la propiedad responsable, y se toma consciencia de la importancia de separar empresa y patrimonio y de que gestionar el patrimonio también requiere de criterios profesionales. Pero llegar a este punto requiere de liderazgos fuertes, en los que hay que abordar decisiones complejas.

El papel del Consejo de Familia en tiempos del Covid-19

En estos momentos de confinamiento, la pandemia del Covid-19 nos amenaza y una crisis económica se avecina. Precisamente ahora es más importante que nunca que se dediquen los recursos necesarios y el esfuerzo de todos para que el papel del Consejo de Familia no caiga en el olvido.

Los momentos difíciles, como los que vivimos, son buenos momentos para invertir tiempo en la familia empresaria, para educar en valores, para estar cerca de los que queremos, aunque sea desde la distancia. En caso de que estemos bien y no tengamos a nadie afectado de gravedad por el Covid-19, puede ser un excelente momento para encontrar tiempo para pensar, planificar y tomar decisiones. Todo esto es algo que suele darnos más pereza cuando tenemos las agendas colapsadas por las mil actividades que marcan nuestro día a día normalmente.

Si no tenemos Consejo de Familia, pensemos en la conveniencia de poner en marcha este foro. Si ya lo tenemos, trabajemos desde él y dotémoslo de un presupuesto, de estructuras y de comisiones que permitan el trabajo intra e intergeneracionaly que cumpla con sus funciones. No dejemos que el confinamiento “confine el Consejo de Familia”. Afortunadamente, los medios telemáticos permiten mantener videoconferencias que ayudarán a mantener el calor cercano de la familia, que fluya la información y que, a través de la videoconferencia, hagamos gimnástica de escucha activa y empática.

Por último, en momentos difíciles llevados al límite, es donde sale lo mejor y lo peor de las personas. Desde el Consejo de Familia debemos estar preparados para gestionar los conflictos. Pero, a la vez, es una ocasión única para, desde el valor de la generosidad, contribuir en proyectos filantrópicos que dejen huella en la sociedad y, muy especialmente, en los más jóvenes de las familias.



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