En la empresa familiar ahora hay que invertir más tiempo que nunca en pensar

Todo propietario de un negocio tiene que dedicar tiempo a pensar, analizar la empresa familiar y actuar.

Lamentablemente, las urgencias del día a día hacen que le dediquemos más tiempo a actuar que a las otras dos necesidades. Que pase esto es completamente lógico ya que el actuar en el día a día es lo que nos asegura el sustento.

En cambio, analizar la empresa familiar, el sector, los competidores y pensar en lo que somos hoy y lo que queremos ser de aquí a cinco años, siempre da más pereza.

También pasa que creemos que le dedicamos tiempo al análisis aunque no es exactamente así. En multitud de ocasiones nos llega, de forma indirecta, información del mercado y del sector que interiorizamos instintivamente convirtiéndola en análisis propio cuando hablamos de nuestra compañía. En realidad estamos basándonos en percepciones y no en hechos concretos fruto de un análisis detallado de las satisfacción percibida por accionistas, clientes y empleados.

¿Por qué invertir tiempo en analizar la empresa familiar?

Actuar es importante. Pero dedicar tiempo a pensar lo que somos y lo que queremos ser es vital para la continuidad de la compañía. Todo barco tiene puerto de destino y el mundo de la empresa también necesita tener una misión y una visión claras para ser compartidas por todos los miembros de la organización.

Momentos de crisis, como el actual, son muy propicios para invertir tiempo en analizar la empresa familiar y las fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades que tenemos. Asimismo, y muy importante, es pensar lo que queremos ser en el futuro para mejorar o, incluso, reflexionar sobre cómo reinventar nuestro modelo de negocio. Hacer este ejercicio, solos o con la ayuda de un asesor externo, nos puede permitir salir reforzados y con un mejor posicionamiento cuando la crisis acabe.

Es un hecho frecuente que en mercados maduros la mayoría de empresas tengan los mismos proveedores, la misma tipología de clientes, precios similares y modelos de negocio parecidos. También es frecuente al hablar de nuestra competencia, pensar en los competidores tradicionales, los de toda la vida con los que nos hemos estado peleando en  precios y con promociones y descuentos.

¿Qué suele suceder en una situación así? Sucede que nadie tiene una ventaja competitiva clara. Y, al final, llegará alguien que hasta ahora no ha competido con nosotros que cambiará las reglas del juego del sector y que impondrá sus propias reglas. Ejemplos de lo descrito serían Zara, Media Market, Ikea, H&M, Mercadona, Ryanair, etc.

¿Y frente a esta realidad qué podemos hacer? Pues, dedicarle más tiempo al análisis y, sobre todo, a pensar en nuestro negocio tanto a nivel interno como a nivel externo. De esta manera seremos capaces de identificar una ventaja competitiva sostenible sobre la que podamos edificar nuestro futuro.

Adaptarse a los cambios o morir

Estamos viviendo cambios demográficos importantes que, sin duda, ofrecen oportunidades importantes. Se están creando segmentos de mercado nuevos: prejubilados jóvenes, jubilados más activos, inmigrantes, separados y, lamentablemente, más desempleados.

También estamos viendo una solidificación de la cultura “low cost”. Hace unos años mucha gente se negaba a volar en compañías low cost. Hoy todos hemos aceptado el modelo y ya nadie duda del valor que éstas han aportado a los consumidores.

La gente no renuncia a las vacaciones ni a los reproductores de música de última generación, pero cuando tiene que elegir entre variedad y coste, prima la inclinación por el coste. El resultado de todos estos cambios es que ya ninguna empresa y/o comercio tiene garantizada la lealtad de aquel cliente fiel de “toda la vida”.

Es el momento, pues, de pensar cómo van a afectarnos todos estos cambios y cómo podemos aprovechar las oportunidades que se nos abren, para, si es preciso, reinventar nuestro negocio.

Como conclusión: hemos de seguir actuando en el día a día, hemos de dedicarle más atención a analizar por dentro y por fuera nuestro negocio y, sobre todo, hemos de PENSAR cómo estamos y dónde queremos estar en los próximos años. Si lo hacemos y sabemos aprovechar las nuevas oportunidades que el momento nos brinda, estaremos garantizando la sostenibilidad del mismo.

Por suerte, ¡en el comercio queda mucho por innovar!



2 comentarios

  • Gemma

    Celebro que éxista un blog especifico para la empresa familiar y que trate temas diversos y prácticos. Me siento identificada con el problema apuntado pero es difícil que sumida en los problemas del día a día, encuentre tiempo para pensar. ¿Puede darme algún consejo?

  • Ricard

    Gracias por su comentario.
    Es muy difícil dar consejos de este tipo sin conocer la compañía y posiblemente un blog no es el lugar adecuado para este fin.
    El simple hecho de reconocer que tenemos el problema es parte de la solución.
    Le recomiendo que tenga un plan estratégico y si la compañía es muy pequeña, un simple documento estratégico que le sirva de plan de vuelo.
    Esto le obligara a revisarlo periódicamente y se verá en la obligación de «analizar y pensar».

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